La muerte del movimiento

aquel movimiento temeroso sobre mí
ondeaba tu presencia trascendiendo mi piel
evadía mi respiración, mi sexo, mi propia presencia
temía dejarse arrastrar por la realidad de nuestros cuerpos
para evitar ese sublime momento efímero
deseaba gozarme y que le gozara con paciencia y absolutez
pero su poder estaba subordinado a una fuerza mayor
y aquel movimiento se aceleró, sucumbió, perdió su poderío
murió desangrándose dentro de mí